¿LIBRE ALBEDRÍO? JAJAJA

 El libre albedrío sería la capacidad de hacer libres elecciones en la vida.

Eso en 1º lugar exigiría una percepción clara y objetiva de la realidad. Sucede que desde que nacemos somos bombardeados por toda una serie de creencias. Nos meten en la cabeza un regimiento de principios valores y prejuicios. Nos enseñan a juzgar y condenar en función de fórmulas anacrónicas y moralistas sobre lo que es el bien y el mal. Acabamos incorporando criterios e ideas, no a partir de nuestra experiencia sino como condición previa para ser aceptados por la familia y la sociedad. Creencias de todo tipo, algunas sobre el mundo externo, en un amplio abanico que va desde la religión: Nuestro Dios es el único verdadero y todos los demás son falsos. Provincianismo, racismo y patriotismo que nos separan del resto de la humanidad y que históricamente han sido usados para transformar personas en carne de cañón. Creencias relacionadas con la conducta en general, que definen el comportamiento de la madre, padre, esposa, marido, hijo o hija perfecta y de algunos aspectos particulares como la sexualidad que deja de pertenecernos para ser vivida en función de toda una serie de normas y condiciones.

Creencias relacionadas con el mundo interno, algunas inoculadas por la familia y otras producto de experiencias concretas: “Yo no merezco amor”, “Soy un inútil”, “El mundo está contra mí”, “Para ser alguien tengo que … “      

Se acuerdan del refrán: Nada es verdad ni es mentira todo es del color del cristal con que se mira. Bien, pues el cristal son las creencias. Cuanto más creencias, principios y prejuicios tenemos menos nos enteramos de la realidad, sea externa o interna. Las creencias son como cortinas que nos impiden ver la realidad, que distorsionan la percepción, que determinan nuestra visión, predefinen nuestras opciones y por lo tanto acaban con el libre albedrío.

Pero la Programación Infantil no se limita a la introyección de creencias. Junto con ellas adquirimos una serie de patrones de conducta que en aquella época fueron absolutamente necesarios para sobrevivir pues el niño sabe instintivamente que para sobrevivir necesita ser cuidado, protegido, nutrido y aprobado por la familia y eso lo lleva a adecuarse al tipo de conducta que se le exige.  Esos patrones cristalizan en su personalidad e décadas después continúa actuando a partir de ellos. ¿Dónde se queda el libre albedrío?

Por otro lado las expresiones espontáneas del niño, sea de sus talentos o aspectos de su naturaleza, que no son aprobados conforman la sombra del inconsciente, una especie de baúl donde se guarda todo lo que tuvimos que esconder de la familia para garantizar nuestra sobrevivencia y después lo escondimos del mundo y finalmente de nosotros mismos también. Todo lo que está guardado en ese baúl nos manipula, si vemos en una persona un aspecto o talento nuestro que nos hubiera gustado desarrollar pero no nos dejaron, inmediatamente nos sentimos atraídos locamente por ella. Si vemos en alguien un aspecto que tuvimos que condenar nos sentimos repelidos locamente. ¿Dónde está nuestra capacidad de elegir libremente?

La cadena que nos impide abrir el baúl y aceptar e integrar lo que allí dentro está es el miedo. El miedo que tiene el consciente de lo que pueda salir del baúl, pues éste guarda en sus memorias el recuerdo de las respuestas familiares cuando lo que ahora está escondido se manifestaba naturalmente. Ese miedo es otro limitador del libre albedrío.

Creyéndonos seres libres que alzamos barricadas, y con toda la razón, contra imposiciones externas, apenas somos marionetas de todos estos factores internos.  Evidentemente esta alienación genera sufrimiento y paradójicamente el sufrimiento que nos exige cambios nos ayuda a acabar con la alienación.

Mientras no eliminemos estos factores que limitan nuestra libertad seguiremos encadenados. Sin embargo aunque libertad y responsabilidad son los lados de una misma moneda, en este caso aunque no seamos libres somos los responsables por nuestras opciones. No podemos colocar la responsabilidad en la familia ni en la sociedad, pues en nuestra mano está por lo menos hacer el intento de desprogramarnos.

Como dijo el maestro: Cuando hay conciencia hay libre albedrio, cuando no la hay, hay destino. C.G. JUng

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