EL KARMA

 

El concepto de karma nació en una de las sociedades más rígidas y machistas del planeta: la hindú, estructurada en monolíticas castas, donde quien nace paria va a morir paria durante decenas de encarnaciones. En el pódium evolutivo la mujer solo estaría por encima del perro y, claro, por debajo del hombre. Tendría que ser una “buena mujer” durante n encarnaciones para un día poder ascender hasta la categoría de hombre. Así según esta visión el karma es una cadena a la que hay que someterse, renunciando a cualquier sueño de mejora para, quien sabe un día, ser premiado con algún cambio.

Cuando la idea del karma llegó a occidente fue sazonada con las doctrinas judeo-cristianas tomando la forma de un castigo merecido, de un destino inexorable, de una deuda contraída en el pasado generalmente por la desobediencia a las normas previamente establecidas por los poderosos y sus agentes y que debe ser pagada en inúmeras vidas. ¿Cuántas veces hemos escuchado comentarios del tipo?: “Mi matrimonio está horrible, pero alguien (tarotista, espírita, astrólogo, numerólogo, etc.) me dijo que estoy pagando un karma y que si me separo ahora estaré huyendo de mi karma y en la próxima vida tendré que aguantar de nuevo a mi pareja actual y será mucho peor.” En realidad si pasamos años aguantando a una persona creamos un vínculo tan fuerte con ella que en la próxima vida lo más probable es que la primera persona que aparezca sea esa misma.

Autores más modernos como Madame Blavatsky nos dicen que el karma nada tiene que ver con premios y castigos, pruebas y sufrimiento y nos remiten a la ley de causa y efecto afirmando que el karma es la consecuencia de nuestras acciones y omisiones tanto de la vida actual como de vidas pasadas, según el dicho: “Cosechas lo que plantas”. Sin embargo se le continúa dando una connotación negativa cuando se afirma que creamos más karma cuando nuestras acciones no son las correctas, como si el karma fuese una acumulación de errores por los cuales tarde o temprano tendremos que pagar. Cabe preguntarse en nombre de que principios catalogamos algo como correcto o incorrecto, cierto o errado.

Es importante entender que la ley de causa y efecto es una ley física y no una ley moral. Estamos cansados de ver personas que viven creando sufrimiento a diestro y a siniestro y no les parte un rayo así como personas que no le hacen mal a nadie y parece que solo atraen desgracias en sus vidas. La justificación de que en el futuro los primeros van a tener que encarar la ley de causalidad y que los segundos ya la están encarando por errores cometidos en el pasado parece muy simplista y en muchos casos da lugar a correspondencias folclóricas que incluso pueden justificar situaciones inaceptables: “Esta mujer debe dejar que el marido continúe golpeándola porque en la vida pasada era ella que lo zurraba”.

El Karma no es bueno ni malo, simplemente es. En su significado más global y literal significa acción. El karma es la acción que nos coloca en la posición que nos corresponde en el camino de la evolución o si quieren de la individuación, en función de lo que ya habíamos avanzado y de lo que nos faltaba por recorrer.

Este planeta es una escuela de conciencia donde podemos pasar del 0% de conciencia al 100%. Para ello tenemos la oportunidad de encarnar un buen número de veces, pero en el momento que alcanzamos el 100% ya no necesitamos volver a la escuela, pues ya hemos aprobado convenientemente todas las asignaturas y hemos cumplido nuestra misión al tornarnos seres completos.  Imaginemos que se trata de una escalera de cien peldaños y en una determinada vida hemos llegado hasta el peldaño 25, tenemos pues 75 peldaños por delante que todavía no hemos resuelto, peldaños que continúan en la inconsciencia y que desde la sombra nos han estado manipulando sea a través de las proyecciones (ver la 1ª llave del bienestar) sea distorsionando nuestra percepción de la realidad, sea reviviendo automáticamente ciertos patrones de conducta.

Cuando morimos el cuerpo vuelve a la tierra y el espíritu libre del peso de la inconsciencia se va de vacaciones y asciende hacia las estratosféricas regiones del nirvánico 100% de conciencia pero en el trasero espiritual llevamos un sello que dice 25%. Así cuando encarnamos de nuevo vamos a sentirnos irremediablemente atraídos para hacerlo a través de una pareja que también está vibrando a 25% y aunque, salvo graves problemas intrauterinos, cuando nacemos somos seres perfectos, integrados y potencialmente completos, independientemente de si fuimos un Pinochet o un Ghandi, esa pareja nos va a colocar exactamente en el punto de evolución que estábamos en la última vida.  La programación infantil que transforma seres amorosos, espontáneos, verdaderos, alegres, inocentes y perceptivos, en candidatos a esclavos de patrones y normas de conducta, seres falsos, miedosos, carentes y frustrados, es la concretización fundamental de nuestro karma.

Así pues la familia, ayudada por los medios de comunicación, las religiones y en menor grado la escuela, nos “karmatiza” hasta colocarnos en el mismo punto de evolución que estábamos en la encarnación anterior, dándonos así la oportunidad de encarar y resolver aquellas cuestiones internas, miedos, heridas de abandono o de rechazo, patrones autodestructivos, auto-invalidación, necesidad de imponerse, síndrome de Peter Pan, etc., que veníamos arrastrando de vidas anteriores.

No podemos culpar a nuestros padres por la “educación” que nos dieron, pues era necesaria para que demos continuidad a las cuestiones internas que estamos cincelando, obligándonos a encararlas. Eso no quiere decir que los padres no sean responsables de la programación infantil pues podrían haberlo hecho diferente, tal vez con menos sufrimiento, pero carece de sentido acusarlos por nuestras dificultades internas que limitan nuestro vivir, finalmente tenemos todo el resto de la vida para elegir continuar avanzando en la escalera evolutiva ampliando la conciencia de lo que somos, permanecer en el mismo sitio o dar marcha atrás.

Mientras no ampliemos nuestra conciencia nuestras acciones continuarán siendo las mismas por lo tanto es más funcional entender el karma no como la ley que nos obliga a encarar las consecuencias de nuestras acciones u omisiones, cosa que nos puede llevar a interpretaciones extravagantes, sino como el principio que nos posiciona en el punto exacto de evolución de nuestra conciencia desde el cual podemos arribar a niveles más profundos. Para acabar diré que siendo los padres, a través de la programación infantil, el elemento de conexión entre varias vidas, es decir, son ellos quienes incorporan en el niño el karma que trae de vidas anteriores, será justamente en la infancia cuando asumimos nuestro karma aunque tengamos el resto de nuestra vida para administrarlo. 

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