EL DESTINO: EL RETORNO DE LA INCONSCIENCIA

Siempre nos han contado que el destino está escrito como si fuera es algo inamovible. Desde el diccionario de la RAE que define el destino como “Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal”, hasta la religión que aunque habla del libre albedrio para tomar decisiones, después nos sale con que Dios ya sabe de antemano las decisiones que vamos a tomar. Los oráculos futuristas también se han adherido a esta idea, de hecho han hecho de esta idea la base de su trabajo. En estos momentos hay miles de tarotistas atendiendo personas que quieren conocer su destino, generalmente en relación a algunos temas bien específicos: salud, dinero, trabajo y amor.

Siempre que definimos un concepto es muy interesante observar sus consecuencias. Si el destino está escrito en el pensamiento divino, en las cartas del tarot o en un estudio astrológico o numerológico

1º dejamos de ser responsables por la vida que tenemos. Somos apenas personajes de una película cuyo guion ya está definido, marionetas en manos de ese supuesto todopoderoso destino.

2º nos tornamos conformistas pues nada podemos hacer para mejorar realmente nuestra vida. Tenemos que aceptar resignadamente nuestro destino, sacrificarnos si es necesario como postula la interpretación tradicional del Colgado, que amarrado de pies y manos nada puede hacer sino sufrir en silencio, haciéndole coro al “valle de lágrimas” de los curas, con, eso sí, lindas promesas post-mortem. Solo nos queda someterse y aguantar maridos, esposas, familia, jefes, patronos, gobiernos corruptos, etc. con derecho a algunas compensaciones del tipo pan y circo, cada vez menos pan y más circo.

Si partimos de la base que el destino es el sumatorio de circunstancias (situaciones y personas) con las que nos encontramos, la primera cuestión sería discernir si lo que nos llega nos lo está enviando alguien o somos nosotros mismos que lo atraemos. No cabe duda que la segunda hipótesis conduce directamente a asumir responsabilidad por nuestra vida que la primera evita.

Como explicaba en la 2ª llave del bienestar que sugiero volver a ver en www.tarotterapeutico.info español NOVEDADES, la vida tiene un propósito muy bien definido que es el de mantenerse viva. Las fuerzas de la vida están trabajando para que cada semilla que cae en la tierra, germine, crezca y se torne un árbol lleno de frutos que suelta semillas a los cuatro vientos dando continuidad a la especie. Lo mismo sucede con los seres humanos, las fuerzas de la vida trabajan para que cada bebé que nace se torne un adulto completo, es decir, realizado, fructífero, feliz y sano. Esas fuerzas trabajan desde dentro de nuestro inconsciente atrayendo, pues, lo que necesitamos para crecer y tornarnos plenamente lo que somos. Si para crecer necesito aprender a defenderme voy a atraer agresiones. Si existe un área interna mía de la cual no tengo consciencia voy a atraer sistemáticamente circunstancias que de maneras más, menos o nada agradables me van a obligar a tornarme consciente de dicha área, sea ésta un aspecto, un talento, un patrón de conducta, una creencia o una herida psíquica.   Por eso como dice Jung EL DESTINO ES EL RETORNO DE LA INCONCIENCIA.

Entender esto significa cambiar el foco parando de responsabilizar a terceros por lo que nos sucede y, esto es lo mejor, intentar entender el mensaje que esta circunstancia nos trae y cuya comprensión nos lleva no solo a crecer sino a cambiar nuestro destino pues ya no necesitamos continuar atrayendo aquellas circunstancias anteriores. Atraeremos otras y diremos: “Mi vida cambió”. La vida cambió porque cambiamos internamente sino sería una continua repetición y a eso lo llamaríamos destino.

Pero para poder encarar las circunstancias preguntándonos ¿qué es lo que tengo que aprender de esta circunstancia? Tenemos que librarnos de la manía de pelearnos o victimizarnos con las circunstancias que no se adaptan a nuestras limitadas y caprichosas expectativas mentales.

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