EL TERCER SEPTENARIO

 

Después de la transformación de la Muerte, consecuencia de la plena entrega a nuestra naturaleza del Colgado, que nos lleva a integrar los opuestos en el Arte, (La Templanza en los tarots tradicionales) dejamos de estar divididos. Profesionalmente hacemos de nuestra diversión nuestro trabajo de manera que no necesitamos comprar compensaciones para tener placer. Internamente reconocemos e integramos nuestras polaridades femenina y masculina con lo cual dejamos de ser manipulados al proyectar la polaridad escondida y fluimos en las relaciones amorosas. Así podemos encarar el 3º septenario donde vamos a recuperar plenamente lo que nos fue birlado en la programación infantil.

En primer lugar lo más fuerte: los instintos, las fuerzas que nos mantienen vivos como individuo y como especie, ilustrados por el Demonio. Son básicamente cuatro: el instinto de defensa, el sexual, el de preservación y el gregario. Todos sabemos que cuando nos encontramos en una situación en que corremos peligro de muerte sale de dentro una fuerza inmensa y generalmente desconocida que nos ayuda a librarnos de la amenaza.

Rescatada nuestra fuerza mayor dejamos de vender nuestra vida a cambio de una supuesta seguridad, nos sentimos capaces de dinamitar la Torre, nuestras prisiones, todo lo que nos oprime y sofoca, sean cárceles externas como vínculos profesionales, exigencias financieras, compromisos familiares, relaciones amorosas que de amorosas ya no tienen nada o prisiones internas, esa fachada que construimos para ser aceptados y no volver a pasar por el sufrimiento que pasamos en la infancia. Esa camisa de fuerza que no deja pasar cualquier cosa que no case con ella es el ego, esa falsa personalidad que se construye cuando el yo verdadero no puede desarrollarse.

Libres de esas prisiones vamos a rescatar en la Estrella la mente perceptiva que estaba obnubilada por un ejército de creencias, principios y prejuicios importados que aquí eliminamos. ¿Recuerdan el dicho? “Nada es verdad ni es mentira sino del color del cristal con que se mira”. Y ese cristal son las creencias.

Perceptivos y fuertes podemos entonces encarar nuestra sombra entendiendo y desactivando los miedos a lo que pueda salir de ese baúl donde fuimos obligados a esconder toda una serie de talentos y características nuestras, cuya expresión en el pasado acarreaba respuestas que nos hacían sufrir y que desde la sombra nos manipulan constantemente, pues sistemáticamente proyectamos en los demás todo lo que escondemos, invalidamos o hasta condenamos de nosotros mismos.  Tornando consciente nuestra oscuridad y libres de sus manipulaciones es como alcanzamos la verdadera luz, dando un salto en nuestra conciencia ilustrada por la carta del Sol.  Esa conciencia puede manifestarse en dos niveles. El primero es la individualidad donde cada ser es único e irrepetible y por lo tanto especial y el segundo es la espiritualidad donde todos los seres somos iguales, es decir, el espíritu es omnipresente, por eso podemos decir que todos somos uno.

Munidos de esa conciencia es cuando podemos, en la carta del Eón (el Juicio en otros Tarots), madurar al dar amor, atención y seguridad a nuestro niño/a herido, carente e inseguro que nos ha estado manipulando toda la vida en virtud de su necesidad de aceptación y su miedo a sufrir e impidiendo que nuestro lado adulto llevase a la práctica sus percepciones conscientes.  

Así eliminamos el último obstáculo para en el Universo o Mundo cerrar un ciclo y abrir otro al concluir toda una serie de asuntos. Los obsoletos los mandamos a paseo rescatando tiempo y energía para ponerlos en asuntos vigentes y llegar a las últimas materializaciones. Con la plancheta vacía abrimos un nuevo capítulo de nuestra vida que se caracteriza por estar atentos y disponibles para vivir los impulsos del inconsciente.

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